Las asanas
invertidas tienen, en particular, esta considerable función de colocar el
centro del corazón por encima del centro mental, dando así a entender, que no
hay inteligencia real sino aquella del corazón.
Estas posturas nos ponen al revés, y nos dan la
posibilidad de ver las cosas de otra manera, o de saber que las cosas, todas
las cosas, pueden ser de otra manera, no se trata de un chiste sobre las
posturas, sino de algo real. Al colocar el cuerpo de una determinada manera, la
mente se coloca igual. Nos cuesta, a nosotros los occidentales, creer que el
cuerpo y la mente son lo mismo, el yoga nos habla de estas dos partes que son
una, unidas, hermanas.
En cambio con las posturas de equilibrio, el esquema
corporal se pone derecho pero fortificado de este descubrimiento. La bellísima
postura del árbol empieza ancorándose en el centro de gravedad corporal.
En cambio con las posturas de equilibrio, el esquema
corporal se pone derecho pero fortificado de este descubrimiento. La bellísima
postura del árbol empieza ancorándose en el centro de gravedad corporal.
Pero el equilibrio no se conquista más
que al nivel del centro del chakra cardiaco. En el plano individual, esta danza
tiene lugar en el corazón.
Esta importancia del lugar del corazón
impregna nuestra práctica y devuelve al Yoga su función primaria: la de
transformación.
Sí, el equilibrio se parece a una
danza milagros en la que cada paso representa un riesgo: riesgo de cambiar,
riesgo del siguiente paso, aprobado, libremente abandonado aunque se haya
preparado con ponderación, raro estado de gracia que podría ser suficiente a
traer el sol a la sombra de la cotidianidad.
Texto extraido del libro Hatha Yoga, l'equilibrio in piedi. Escrito por Federation nationale des enseignans de Yoga y traducido por Tonia Rubio Erci